martes, 22 de septiembre de 2015

Mélomano vs Audiofilo

Hace unos días discutíamos unos amigos y yo la diferencia entre los mélomanos y los audiofilos, yo personalmente soy de los primeros, sin embargo también es cierto que para estar realmente satisfecho con lo que escucho debo oírlo en un equipo de una calidad cuanto menos media alta gama.
Melómano es el sujeto fanático de la música. Se trata de una persona  que siente un amor apasionado y, según el punto de vista, excesivo por lo musical, dedicando tiempo y dinero al disfrute de este arte...hasta aqui la definicion "oficial" .
Ahora vamos a explicar una serie de puntos muy importantes para que lo puedan entender facilmente:
Por ejemplo: “A mi no me interesan el lujo ni las posesiones materiales: como buen melómano, invierto todos mis ingresos en discos y conciertos, aunque deba recorrer el mundo para ver a mis artistas favoritos en escena”, “El novelista, reconocido melómano, ha presentado un libro cuyo protagonista es un director de orquesta”, “Tengo más de 2.000 archivos en mi MP3, pero no me considero un melómano”.
El término melómano proviene de un vocablo griego compuesto por el prefijo melos (“canto”) y el sufijo manos (de donde deriva la noción de manía). La melomanía, por lo tanto, es una especie de locura  o tendencia al furor vinculada a la música.
A diferencia de otras manías, la melomanía no es entendida como un trastorno psicológico o una enfermedad. Puede decirse que la melomanía no implica un riesgo para la persona ni para su entorno.
El melómano tiene un interés casi exclusivo por la música. Es posible que existan otras aficiones en su vida, como el deporte o el cine, pero sólo la música le despierta una necesidad de atenderla tan intensa.
Aunque se puede afirmar que cualquier individuo que disfruta de la música es melómano, el concepto suele dejarse exclusivamente para quienes mantienen un vínculo particular con lo musical, y especialmente para quienes lo hacen como oyentes. Desde este punto de vista, las personas que trabajan en la industria de la música no entran en esta categoría, a pesar de dedicar mucho tiempo y esfuerzo al estudio, la producción y el desarrollo de canciones, piezas instrumentales y óperas, entre otros tipos de contenido que muchas veces requieren de meses o años de trabajo ininterrumpido.
La melomanía no sólo no es considerada un trastorno, sino que en el ambiente musical suele ser vista como un sinónimo de sabiduría y prestigio. Por lo general, las personas melómanas poseen vastos conocimientos relacionados con el género que más las apasiona; en el caso de la ópera, por ejemplo, cuentan con auténticas bases de datos mentales de nombres de directores, orquestas y cantantes, fechas de sus presentaciones, curiosidades de los compositores que casi todos ignoran y opiniones en apariencia muy sólidas acerca de cuestiones técnicas.
Con respecto a este último punto, desde la perspectiva de un músico, la crítica de un melómano puede parecer infundada, ya que por lo general no se trata del producto de la experiencia, sino de datos recogidos a través de la investigación. Pero los melómanos suelen estar frente al escenario, y no sobre él; por lo tanto, desde su posición de seguridad, buscan hacer alarde de su paso por los palcos de los teatros más importantes del mundo, para conseguir la admiración de quienes los rodean.
La visión que la gente suele tener de los melómanos es negativa, dado que su modo de relacionarse con la música es obsesiva y posesiva, con una tendencia a descartar las opiniones y los gustos ajenos y a mostrar los conocimientos como si de trofeos se tratase, para intentar impresionar a su entorno. El amor y la obsesión poco tienen en común, pero sí es común que coexistan en una persona.
Generalizar nunca es acertado, y menos cuando se trata de juzgar un rasgo de la personalidad; sin embargo, por culpa del enfoque que algunos melómanos dan a su relación con el arte, se ha creado la idea de que todos ellos son personas con las cuales resulta imposible compartir la música, dado que cuentan con un arsenal de frases hechas y preconceptos que utilizan para desacreditar a sus interlocutores, sin aceptar que cada uno obtenga de una melodía lo que ésta tenga para ofrecerle en ese momento determinado de su vida.
Audiofilo
Persona interesada en la tecnología relativa a la reproducción fiel del sonido.
Un audiófilo se caracteriza, en ocasiones, por:
Mostrar poca consideración en general por el método científico y, en particular, por la obtención de mediciones objetivas con objeto de evaluar el desempeño de un elemento particular en un sistema de reproducción acústica. Entenderá que la evaluación técnica de cualquier otro tipo de aparato o dispositivo (televisores, lavadoras, frigoríficos, etc.) dependa de mediciones objetivas; a los sonidos, sin embargo, les atribuirá propiedades intangibles que no podrán, en ningún caso, ser registrados en un proceso de medición y sólo confiarán para este objetivo en la interpretación subjetiva que resulta de una audición personal.[1]
Rechazar expresamente la validez de una metodología de ensayos doble-ciego para distinguir (o, más habitualmente, probar que son indistinguibles) dos componentes de un sistema de reproducción acústica. Sin embargo, no se observa rechazo cuando esta metodología de ensayos es aplicada a otros campos como, por ejemplo, la farmacología.
Emplear un extraño lenguaje de semántica, en el mejor de los casos, ambigua. Pronunciará frases del tipo los graves son sólidos pero, en ocasiones, ásperos y carecen de la fluidez de que muestra unos agudos aterciopelados.
Mostrar poca consideración general por la tecnología digital (típicamente, como consecuencia de ignorar o no comprender adecuadamente el Teorema de muestreo de Nyquist-Shannon). La Teoría Digital (y, en especial, el tratamiento digital de señales) es una materia compleja que requiere un gran andamiaje matemático para su correcta comprensión; no es de extrañar, por tanto, que sea capaz de generar confusión entre aficionados.
Mostrar gran consideración por los sistemas de amplificación analógica basados en el empleo de válvulas de vacío. Asociarán propiedades acústicas a las señales amplificadas por estos dispositivos inventados en el siglo XIX: las encuentran cálidas (no es casualidad que estas válvulas sean dispositivos que radian calor ya que su funcionamiento se fundamenta en el Efecto Termoiónico).
Hacer uso de cables de precios elevados (hasta 30 000 Dolares) que, supuestamente, mejoran la transmisión de las señales entre elementos de una cadena de reproducción.

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